Cada día alucino más contigo. Sólo con unas estanterías me has montado un comedor completo y de lo más moderno.
Tengo que agradecertelo porque me has ahorrado un dinerillo. Ahora tendremos que pensar en sacar los muebles viejos que has apilado en la otra habitación ¿No? Suerte que aún no había visto ninguna combinación que me gustase.
Y ahora sí. Me toca ponerme serio y echarte una pequeña bronca: No sigas llamándome de usted. No sólo porque yo sea más joven que tú (aunque nunca te perdonaré que me echases unos cuarenta y pocos a primera vista) sino porque no me gusta el trato de usted. Me hace sentir incómodo.
Como sé que Práxedes fuma, llévale el puro que te he dejado encima de la mesa. Me lo dieron en la boda de la semana pasada y si yo no me veo fumando un cigarro, mucho menos un habano de ese calibre.