Querida Celia:
Ayer si me descuido, me hubieran comido las cabras. Sabía que mi hermano tenía cabras, pero no me imaginaba que tuviese un rebaño entero. A mi hermano no se le ocurrió mejor idea que insistir en que el campo me sentaría bien y llevarme, con la silla, a su casa. En cuanto me puso en la rampa de cemento y empezó a empujar, las cabras acudieron siguiendo a la de los cuernos grandes, que debe de ser la líder, y me rodearon dificultando aún más el paso de la silla. La peste era insoportable y ni con una ducha conseguí que se fuera del todo.
Esta mañana cuando has venido estaba limpiando unas judías verdes. Como hoy aquí es festivo tengo a gente a comer en casa. Nada complicado. Judías verdes y escalibada.
Lata
Hace 2 meses